Bofetada con guante o directo demoledor. Da igual el golpe, cuando entiendes que siempre habrá una respuesta el calibre del impacto será lo de menos. Lo importante es levantarte, dicen.
Combates amañados, K.O. en el primer asalto, perder por puntos o ganar. Hipotéticamente ganar. Nadie gana el combate, ganas asaltos, consigues que el árbitro inicie cuentas que nunca llegaran a 10. Harás mejor o peor combate, Tal vez consigas una velada mítica…
Nunca ganaras, a medida que pasan los asaltos, a medida que el castigo es proporcional a tu mal hacer, te van fallando las rodillas. No hay fintas que puedan esquivarlo todo, no hay golpes débiles cuando llevas demasiado castigo, no hay recuperación posible entre asaltos, no la hay. Luchas ante un oponente terrible, los mejores golpes no funcionaran siempre. Sin embargo su gancho de derecha siempre parece encontrar huecos en la defensa. No existen toallas en suelo, no hay “deus ex machina” que haga lo que no puedes hacer. Levantar el cinturón es una utopía.
domingo 9 de agosto de 2009
martes 9 de junio de 2009
Socrático
Prepotente, oigo. Hiper-prepotente, sale de unos labios pintados con mimo, el color de mi zodiaco predomina en el visceral cromatismo, tanto como el comentario.
Puede ser que en algún momento de mi vida, haya tenido que comportarme como un ser arrogante, sin escrúpulo alguno.
Seguía un guion, el guion que dictaba mi vida, aquella que brilló efímeramente aquella que hacía de mí una persona que despertaba rabias y desprecios al igual que deseo y excitación, al paso de mi tímida sombra.
Localmente era un chulo, si traspasaba las fronteras se podía ver por mi ego que no era uno más, que en algún lugar era un chulo con un ego proporcional a la elegancia con la que siempre cubrí mi sombra, aquella que tímida fue. Aunque no fuera mi manada, era un macho alpha. Mi melena de león competía en un terreno en el que solo unos pocos llegan. Aquel terreno que se gana en la primera mirada aquella en la que el aguijón plutoniano decide. Mi decisión engañaba, mi camiseta dibujaba un cuerpo tan deseable como yo lo hacía vender, y mi porte era frío, sobrio, lo dibujaba elegante. Sí, lo dibujaba. Actuaba.
Arrogante, egocéntrico, narcisista…Actor.
Preso de intimidades inseguras, celoso de un pasado que siempre pude cambiar cuando fue presente, pero la sumisión es una clase se supervivencia. Sobreviviendo hallé la rebeldía, la anarquía vital, y el hedonismo canalla. Entregado en hacer lo que me vino en gana acabé con el patito feo de la superficialidad y actué como un cisne… Actué.
Culpable. Lo he sido pero ¿Quién no lo hubiera sido en mi posición? Siempre he estado seguro de mis actos, eran proyecciones de lo que siempre quise ser, así que le di poder a mi Ego. Con ese Ego estaba seguro en lo qué podía hacer y por supuesto de lo qué no. Simplemente seguridad.
Saber cuáles son tus atributos te puede volver narcisista a los ojos de los demás. Así era siempre, así fue siempre. Ahora… Ahora quién sabe dónde ésta el ronin
No quiero palmaditas en la espalda, nunca las quise. Aunque tal vez las necesitara de cara a la galería.
Sin escepticismos proclamo que la redención viene con el gris mediocre con el que me visto, así que gracias seas quien seas, me has recordado prestándote algo de atención colores que hacía tiempo no vestía, vengas de donde vengas me alivia poder agradecerte el detalle, ya que siempre fui agradecido, prepotente pero agradecido.
Puede ser que en algún momento de mi vida, haya tenido que comportarme como un ser arrogante, sin escrúpulo alguno.
Seguía un guion, el guion que dictaba mi vida, aquella que brilló efímeramente aquella que hacía de mí una persona que despertaba rabias y desprecios al igual que deseo y excitación, al paso de mi tímida sombra.
Localmente era un chulo, si traspasaba las fronteras se podía ver por mi ego que no era uno más, que en algún lugar era un chulo con un ego proporcional a la elegancia con la que siempre cubrí mi sombra, aquella que tímida fue. Aunque no fuera mi manada, era un macho alpha. Mi melena de león competía en un terreno en el que solo unos pocos llegan. Aquel terreno que se gana en la primera mirada aquella en la que el aguijón plutoniano decide. Mi decisión engañaba, mi camiseta dibujaba un cuerpo tan deseable como yo lo hacía vender, y mi porte era frío, sobrio, lo dibujaba elegante. Sí, lo dibujaba. Actuaba.
Arrogante, egocéntrico, narcisista…Actor.
Preso de intimidades inseguras, celoso de un pasado que siempre pude cambiar cuando fue presente, pero la sumisión es una clase se supervivencia. Sobreviviendo hallé la rebeldía, la anarquía vital, y el hedonismo canalla. Entregado en hacer lo que me vino en gana acabé con el patito feo de la superficialidad y actué como un cisne… Actué.
Culpable. Lo he sido pero ¿Quién no lo hubiera sido en mi posición? Siempre he estado seguro de mis actos, eran proyecciones de lo que siempre quise ser, así que le di poder a mi Ego. Con ese Ego estaba seguro en lo qué podía hacer y por supuesto de lo qué no. Simplemente seguridad.
Saber cuáles son tus atributos te puede volver narcisista a los ojos de los demás. Así era siempre, así fue siempre. Ahora… Ahora quién sabe dónde ésta el ronin
No quiero palmaditas en la espalda, nunca las quise. Aunque tal vez las necesitara de cara a la galería.
Sin escepticismos proclamo que la redención viene con el gris mediocre con el que me visto, así que gracias seas quien seas, me has recordado prestándote algo de atención colores que hacía tiempo no vestía, vengas de donde vengas me alivia poder agradecerte el detalle, ya que siempre fui agradecido, prepotente pero agradecido.
lunes 22 de septiembre de 2008
Él, eterno conciliador
Sonrisa en los labios, volumen de voz plácido, entender todo, ayudar en todo lo que preocupe al prójimo. Un hombro que siempre estará disponible, y una espalda que siempre protegerá otra.
Paladín de las causas perdidas. Comprenderá hasta que no se quiera compartir una vida con él. Comprenderá que lo usen. Comprende ese sentimiento de soledad acompañada que amarga toda su existencia, toda menos su sonrisa, eso jamás. Cátedra en subterfugio, con la maestría del engaño y licenciatura en argucias. De niño le enseñaron a no patalear, a no llorar y a ser bueno. Aprendió demasiado bien la lección, al pie de la letra.
Un tempano de hielo, incluso en las circunstancias más cálidas. El gran desconocido de sus conocidos. Un perdedor disfrazado de ganador, con el mejor de los disfraces: el de carne y hueso.
Creyendo aquellos cuentos de hadas, aquellos que hablaban de príncipes azules y de bellas princesas, escudero de príncipes en su propio cuento ni la más bella de las princesas le pareció tan atractiva como las brujas que le hechizaron. Romántico a tiempo parcial, busca contrato indefinido en la empresa de su vida. Los tiempos cambian, los empleos también. Ayer novicio, hoy stripper, mañana… quien sabe mañana. Con el empleo de encontrar un ápice de humanidad gana un salario que mantiene vivo el cuento de hadas que le rodea.
Se cala la gorra, se conecta al mundo extrasensorial de un desvencijado mp3 y se dispone a recorrer una parcela de sus recuerdos para hacerlos más vivos cuando en la lejanía sienta la nostalgia de sus antiguos caminos, aquellos que siempre serán suyos.
Paladín de las causas perdidas. Comprenderá hasta que no se quiera compartir una vida con él. Comprenderá que lo usen. Comprende ese sentimiento de soledad acompañada que amarga toda su existencia, toda menos su sonrisa, eso jamás. Cátedra en subterfugio, con la maestría del engaño y licenciatura en argucias. De niño le enseñaron a no patalear, a no llorar y a ser bueno. Aprendió demasiado bien la lección, al pie de la letra.
Un tempano de hielo, incluso en las circunstancias más cálidas. El gran desconocido de sus conocidos. Un perdedor disfrazado de ganador, con el mejor de los disfraces: el de carne y hueso.
Creyendo aquellos cuentos de hadas, aquellos que hablaban de príncipes azules y de bellas princesas, escudero de príncipes en su propio cuento ni la más bella de las princesas le pareció tan atractiva como las brujas que le hechizaron. Romántico a tiempo parcial, busca contrato indefinido en la empresa de su vida. Los tiempos cambian, los empleos también. Ayer novicio, hoy stripper, mañana… quien sabe mañana. Con el empleo de encontrar un ápice de humanidad gana un salario que mantiene vivo el cuento de hadas que le rodea.
Se cala la gorra, se conecta al mundo extrasensorial de un desvencijado mp3 y se dispone a recorrer una parcela de sus recuerdos para hacerlos más vivos cuando en la lejanía sienta la nostalgia de sus antiguos caminos, aquellos que siempre serán suyos.
miércoles 17 de septiembre de 2008
Prejuzgado de Guardia
Hay personas tan personales, tan íntimas. Que escriben para ellos, en un lugar en el que se puede llegar desde cualquier lugar del mundo, que queda expuesto a la visita de cualquiera y sabiéndolo se muestran ariscas siendo sabedoras de que han visto sus intimidades tan intimas.
Personas las cuales se quedaron sin papel de fumar para cogérsela. Personas que no son capaces de ver un gesto bello sin más, siempre debe haber algo más. Personas íntimas como ellas solas, y sus elegidos serán los únicos que gocen de su sonrisa y su camaradería. Los demás sobran.
Se saben juzgadas habiendo caído en el ejercicio del prejuicio, eso sí sin haberse percatado de que la persona que se cree juzgada, prejuzga constantemente. Un galimatías argumental que solo da para pensar en que el pataleo de un crío tiene más sentido que cualquiera de sus lógicas.
Una persona que no quiere ser blanco de miradas no se escota en alma. Nadie escapa del juicio malicioso ni siquiera aquellos que se creen juzgados, ya que ellos mismos se colocan la toga con rigurosa ceremonia y con mazo en mano declaran el veredicto final.
Jueces de presuntos pre-jueces, escritores ofendidos con la lectura de su libro, atletas desilusionados al conseguir el oro, estudiantes tristes con su matrícula de honor…
No sé qué mundo es éste ni a que caminos estoy dirigiéndome…
No me queda más remedio que mirar atrás con una nostalgia comedida y recordar aquellos años pasados en los que mi camino brillaba purpúreo y mis arduos camaradas siempre tenían un buen fuego para alojarme en la noche de estos parajes llenos de alimañas, que están dispuestas a usar el verbo para algo más que comunicar.
Mis arduos camaradas…..Ubi sunt¿?
Personas las cuales se quedaron sin papel de fumar para cogérsela. Personas que no son capaces de ver un gesto bello sin más, siempre debe haber algo más. Personas íntimas como ellas solas, y sus elegidos serán los únicos que gocen de su sonrisa y su camaradería. Los demás sobran.
Se saben juzgadas habiendo caído en el ejercicio del prejuicio, eso sí sin haberse percatado de que la persona que se cree juzgada, prejuzga constantemente. Un galimatías argumental que solo da para pensar en que el pataleo de un crío tiene más sentido que cualquiera de sus lógicas.
Una persona que no quiere ser blanco de miradas no se escota en alma. Nadie escapa del juicio malicioso ni siquiera aquellos que se creen juzgados, ya que ellos mismos se colocan la toga con rigurosa ceremonia y con mazo en mano declaran el veredicto final.
Jueces de presuntos pre-jueces, escritores ofendidos con la lectura de su libro, atletas desilusionados al conseguir el oro, estudiantes tristes con su matrícula de honor…
No sé qué mundo es éste ni a que caminos estoy dirigiéndome…
No me queda más remedio que mirar atrás con una nostalgia comedida y recordar aquellos años pasados en los que mi camino brillaba purpúreo y mis arduos camaradas siempre tenían un buen fuego para alojarme en la noche de estos parajes llenos de alimañas, que están dispuestas a usar el verbo para algo más que comunicar.
Mis arduos camaradas…..Ubi sunt¿?
miércoles 3 de septiembre de 2008
Ahora lo sé
Ahora entiendo la expresión de la cara de Dante. No le gusta cogerles cariño a esos jóvenes que en su plaza la de la cruz más santa, realizan sus locuras más paganas.
Tantos jóvenes mirándole a la cara en aquella vieja iglesia, aquella en la que antaño se formo el genio. Tantos jóvenes que nunca volverán a mirarle a la cara.
Cuando entré en las murallas de la plaza de miguel ángel subiendo aquellas cuestas inmensas e interminables me embargó la nostalgia, porque pensé que volvía a ser el beduino gaditano que entra por esas puertas de tierra…
Hoy, pasado tiempo desde que la ciudad de la belleza y de la burguesía italiana me acogió como uno más entre sus cafés más exquisitos, en sus plazas más carismáticas y también entre las más perdidas y más olvidadas. Aquellas que aún respiran el aire de la vertiente artística más bohemia. En sus callejuelas siempre repletas de turistas sufridores del síndrome de Stendhal aquellos con una sensibilidad humana, los otros degustando focaccia(s), pane forte(s) o un bel panino con lampredotto, o quei meravigliosi gelati en cualquier época del año. Encontré algo que hacía tiempo buscaba y no encontraba, a mí mismo.
Y ahora cansado de una vida que se debe luchar para poder vivirla, evadiendo la realidad me pierdo en el aroma de mi capuccino buscando aquellos resquicios de imágenes, que ahora sé que nunca se perderán.
Il porcelino no se equivoco una vez… me pregunto si la magia de su hocico de reluciente bronce durará para toda la vida. Si no es así jamás olvidaré aquella ciudad que me hizo ser yo mismo y soñaré que en cualquier sala de los uffizi sus venus abrazan cual ensoñación mística la esperanza de volver a ser admiradas de nuevo por el ronin que un día fui y que muy dentro de mí por mucho que el tiempo se escape, siempre seré.
“Cuenta la leyenda que el jabalí de bronce (Il porcelino) aquel situado en la plaza del mercado. Posee un poderoso sortilegio que hace que cualquiera que desee regresar a Firenze y acaricie su fulgurante hocico, volverá de nuevo.”
Tantos jóvenes mirándole a la cara en aquella vieja iglesia, aquella en la que antaño se formo el genio. Tantos jóvenes que nunca volverán a mirarle a la cara.
Cuando entré en las murallas de la plaza de miguel ángel subiendo aquellas cuestas inmensas e interminables me embargó la nostalgia, porque pensé que volvía a ser el beduino gaditano que entra por esas puertas de tierra…
Hoy, pasado tiempo desde que la ciudad de la belleza y de la burguesía italiana me acogió como uno más entre sus cafés más exquisitos, en sus plazas más carismáticas y también entre las más perdidas y más olvidadas. Aquellas que aún respiran el aire de la vertiente artística más bohemia. En sus callejuelas siempre repletas de turistas sufridores del síndrome de Stendhal aquellos con una sensibilidad humana, los otros degustando focaccia(s), pane forte(s) o un bel panino con lampredotto, o quei meravigliosi gelati en cualquier época del año. Encontré algo que hacía tiempo buscaba y no encontraba, a mí mismo.
Y ahora cansado de una vida que se debe luchar para poder vivirla, evadiendo la realidad me pierdo en el aroma de mi capuccino buscando aquellos resquicios de imágenes, que ahora sé que nunca se perderán.
Il porcelino no se equivoco una vez… me pregunto si la magia de su hocico de reluciente bronce durará para toda la vida. Si no es así jamás olvidaré aquella ciudad que me hizo ser yo mismo y soñaré que en cualquier sala de los uffizi sus venus abrazan cual ensoñación mística la esperanza de volver a ser admiradas de nuevo por el ronin que un día fui y que muy dentro de mí por mucho que el tiempo se escape, siempre seré.
“Cuenta la leyenda que el jabalí de bronce (Il porcelino) aquel situado en la plaza del mercado. Posee un poderoso sortilegio que hace que cualquiera que desee regresar a Firenze y acaricie su fulgurante hocico, volverá de nuevo.”
jueves 14 de agosto de 2008
Corrosivo
En la más recóndita morada se alberga aquel verbo que permanece latente hibernando, esperando que la primavera llegue. La primavera de aquellos que farfullan palabras convencidos de ellas, odio el conocimiento sin personalidad. Odio la superficialidad de unos pensamientos de látex, tan procaces que no dejan animo a la revancha.
Esas risas de hienas, esas falsas caretas que como emoticonos usan aquellos que se creen poseedores de la piedra filosofal.
Me pudro en mis propias miserias, trago aquello que me sienta mal. Y no doy explicaciones, nadie las necesita, yo menos.
Me duelen los oídos de tantas y tantos. No quiero falsedades pero para ciertas verdades ruego una careta por cortesía. Esas verdades gratuitas con copyright son muy obscenas para escucharlas a ciertas horas.
En un mundo que conjuga risas de hienas y santos magnánimos me hallo. Cada vez estoy más seguro: Me equivoque de época o de dimensión, o de cualquiera sabe, lo único seguro es que hay una equivocación.
Desde aquella recóndita morada, pienso que tal vez si fuera más escasa, más oscura la estancia en la que albergo tantas preguntas, tal vez sería más feliz (*).
(*)Felicidad esa manida manifestación de bienestar que desea todo ser.
Esas risas de hienas, esas falsas caretas que como emoticonos usan aquellos que se creen poseedores de la piedra filosofal.
Me pudro en mis propias miserias, trago aquello que me sienta mal. Y no doy explicaciones, nadie las necesita, yo menos.
Me duelen los oídos de tantas y tantos. No quiero falsedades pero para ciertas verdades ruego una careta por cortesía. Esas verdades gratuitas con copyright son muy obscenas para escucharlas a ciertas horas.
En un mundo que conjuga risas de hienas y santos magnánimos me hallo. Cada vez estoy más seguro: Me equivoque de época o de dimensión, o de cualquiera sabe, lo único seguro es que hay una equivocación.
Desde aquella recóndita morada, pienso que tal vez si fuera más escasa, más oscura la estancia en la que albergo tantas preguntas, tal vez sería más feliz (*).
(*)Felicidad esa manida manifestación de bienestar que desea todo ser.
domingo 13 de abril de 2008
El tiempo lo cura
Con una vulgaridad imperante en cada acto social, que me hace ser menos yo, identifico mis noches. Aquellas en las que no duermo, en las que sin embargo sueño.
No quiero relaciones más de las que puedo asegurar, más de las que sé que puedo atar o desatar a mi vida. Y sin embargo las anhelo. Sentimientos adversos. No quiero complicaciones por eso socialmente me reduzco. Contorsiono mi personalidad para caber en un ínfimo cubículo, en el cual deseo yacer.
No quiero luchar en una guerra que siento perdida. No quiero avergonzarme de mis actos aunque estos nunca llegaran a ser realidad, y quedaran albergados en una reducida parte de mí.
Aquel lugar en el que guardo aquellas experiencias que nunca fueron y que en mi interior en el universo paralelo en el cual soy todo lo que deseo viven ajenas a que en el exterior simplemente son los sueños de un romántico que jamás aprenderá qué la vida se vive despierto y que los sueños no se viven, se sueñan.
El sol me hace daño, he vuelto a las tinieblas de nuevo. Soy un vampiro que se niega a beber sangre ajena, prefiero la mía. Condenado por un pecado de no cometí. Condena que me hace vagar en un mundo que no será el mío, porque no lo quiero. Me hago cazador de mi propia sangre, presa de mis propios colmillos.
Insensible, locura indomable que me ciega al oír estas palabras que desde un exterior superficial y despreciable, pueda parecer que soy tan opaco para tantos y sin embargo aquí me hallo escribiendo mis insensibilidades. Haciendo una catarsis poco brillante pero que en estos tiempos son más que suficientes. Mi forma de expiar mis penas.
Olvido rostros y nombres no los quiero en mi mente demasiados para solo una vida, la facilidad que demuestro para el olvido de algunos infelices, no puedo aplicarla para aquellos que verdaderamente quisiera.
¿Quién dijo que el tiempo cura el dolor? No es así, no, no lo es.
No quiero relaciones más de las que puedo asegurar, más de las que sé que puedo atar o desatar a mi vida. Y sin embargo las anhelo. Sentimientos adversos. No quiero complicaciones por eso socialmente me reduzco. Contorsiono mi personalidad para caber en un ínfimo cubículo, en el cual deseo yacer.
No quiero luchar en una guerra que siento perdida. No quiero avergonzarme de mis actos aunque estos nunca llegaran a ser realidad, y quedaran albergados en una reducida parte de mí.
Aquel lugar en el que guardo aquellas experiencias que nunca fueron y que en mi interior en el universo paralelo en el cual soy todo lo que deseo viven ajenas a que en el exterior simplemente son los sueños de un romántico que jamás aprenderá qué la vida se vive despierto y que los sueños no se viven, se sueñan.
El sol me hace daño, he vuelto a las tinieblas de nuevo. Soy un vampiro que se niega a beber sangre ajena, prefiero la mía. Condenado por un pecado de no cometí. Condena que me hace vagar en un mundo que no será el mío, porque no lo quiero. Me hago cazador de mi propia sangre, presa de mis propios colmillos.
Insensible, locura indomable que me ciega al oír estas palabras que desde un exterior superficial y despreciable, pueda parecer que soy tan opaco para tantos y sin embargo aquí me hallo escribiendo mis insensibilidades. Haciendo una catarsis poco brillante pero que en estos tiempos son más que suficientes. Mi forma de expiar mis penas.
Olvido rostros y nombres no los quiero en mi mente demasiados para solo una vida, la facilidad que demuestro para el olvido de algunos infelices, no puedo aplicarla para aquellos que verdaderamente quisiera.
¿Quién dijo que el tiempo cura el dolor? No es así, no, no lo es.
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